Junio marca un cambio de fase: la IA deja de ser una apuesta de futuro y empieza a comportarse como infraestructura, hábito y consecuencia. El debate ya no es qué modelo es más potente, sino quién controla la energía, el cómputo, la distribución y la gobernanza que lo sostienen. De la encíclica de León XIV a la paradoja del ROI de McKinsey, las señales de este mes apuntan a lo mismo: la tecnología bajó del laboratorio y ahora toca rendir cuentas.
Junio marca un cambio de fase: la IA deja de ser una apuesta de futuro y empieza a comportarse como infraestructura, hábito y consecuencia. El debate ya no es qué modelo es más potente, sino quién controla la energía, el cómputo, la distribución y la gobernanza que lo sostienen. De la encíclica de León XIV a la paradoja del ROI de McKinsey, las señales de este mes apuntan a lo mismo: la tecnología bajó del laboratorio y ahora toca rendir cuentas.