El robot ha dejado de ser una máquina y ha empezado a ser un tejido. Investigadores de KAIST y Stanford han creado prendas que se despliegan sobre el cuerpo sin ayuda de las manos. La tecnología utiliza pequeños robots blandos, parecidos a enredaderas inflables, y promete cambiar desde el cuidado de personas dependientes hasta la forma de colocarse un traje de protección.
Una prenda capaz de vestirnos en unos diez segundos parece un truco de ciencia ficción, pero el prototipo presentado por investigadores de KAIST y Stanford plantea una evolución mucho más concreta: llevar la robótica dentro del tejido. El sistema integra en la ropa estructuras blandas impulsadas por aire que crecen, se curvan y avanzan sobre el cuerpo como una enredadera. Al activarse, esas “ramas” dan la vuelta a la prenda y la colocan incluso cuando la persona se está moviendo.
El avance es relevante porque prescinde de brazos mecánicos rígidos y de algoritmos complejos que deban reconstruir cada centímetro del cuerpo. La propia física del material permite adaptarse a superficies, tallas y posturas diferentes. Ese principio de diseño —menos control central, más inteligencia incorporada en la estructura— está ganando terreno en la robótica blanda. En lugar de ordenar cada movimiento, se crea un objeto que resuelve parte del problema por su forma y por los materiales con los que ha sido construido.
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