Puede parecer una curiosidad: una IA capaz de determinar el sexo de un embrión de pollo antes de que nazca. Pero detrás de esta noticia hay una señal poderosa para cualquier directivo: la transformación del trabajo no afecta solo a oficinas, bancos o tecnológicas. Está llegando a todos los sectores.
Hay noticias que, a primera vista, parecen anecdóticas, casi una broma. Una inteligencia artificial que sexa pollos. Una máquina que analiza huevos en una incubadora. Un algoritmo que decide si de ahí saldrá un macho o una hembra. El tema puede parecer demasiado específico, demasiado sectorial, incluso demasiado extraño para formar parte de una conversación estratégica sobre el futuro del trabajo.
Y, sin embargo, precisamente por eso resulta tan interesante.
El Confidencial contaba recientemente el caso de Orbem, una empresa con sede en Múnich, cofundada por el bioingeniero español Miguel Molina Romero, que combina resonancia magnética e inteligencia artificial para analizar materiales biológicos sin abrirlos. Una de sus aplicaciones es el sexado in ovo: determinar el sexo del embrión dentro del huevo antes de que nazca el pollo. La máquina puede procesar hasta 24.000 huevos por hora y clasifica los embriones mediante imágenes de resonancia magnética interpretadas por un algoritmo entrenado con miles de ejemplos.
Edición 05 · Acceso libre
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